{"id":640,"date":"2013-11-14T22:14:44","date_gmt":"2013-11-15T03:14:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.conmarcapropia.com\/portal\/?p=640"},"modified":"2015-03-19T22:23:41","modified_gmt":"2015-03-20T03:23:41","slug":"don-felix-botero-gomez-elogio-a-un-gran-patriarca-de-el-santuario","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.conmarcapropia.com\/portal\/don-felix-botero-gomez-elogio-a-un-gran-patriarca-de-el-santuario\/","title":{"rendered":"Don F\u00e9lix Botero G\u00f3mez. Elogio a un gran patriarca de El Santuario"},"content":{"rendered":"<p class=\"rtejustify\" style=\"text-align: justify;\"><strong>Don F\u00e9lix Botero G\u00f3mez. Elogio a un gran patriarca de El Santuario, recuerdos de un gran abuelo<\/strong><br \/>\nPor: Juan Fernando Pach\u00f3n Botero<br \/>\n<a href=\"mailto:jufepa40@hotmail.com\">jufepa40@hotmail.com<\/a><br \/>\n<a href=\"https:\/\/twitter.com\/JuanFernandoPa5\" target=\"_blank\">@juanfernandopa5\u00a0<\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Santuario, tierra que vio correr por sus f\u00e9rtiles campos, adornados de cultivos de frijol, papa y zanahoria, al consagrado abogado y tambi\u00e9n congresista de la Rep\u00fablica en la d\u00e9cada de los setenta, Luis Arcila Ram\u00edrez; que se carcaje\u00f3 a mand\u00edbula batiente con los primeros apuntes jacarandosos de Guillermo Zuluaga (Montecristo) y Crisanto Alonso Vargas (Vargasvil); que se sobrecogi\u00f3 hasta los huesos con las exquisitas notas musicales del acreditado compositor Roberto Pineda Duque; que llor\u00f3 la prematura y violenta partida del h\u00e9roe de Ayacucho, Jos\u00e9 Mar\u00eda C\u00f3rdova; tambi\u00e9n acogi\u00f3 en su regazo a uno de sus exponentes m\u00e1s egregios, Don F\u00e9lix Botero G\u00f3mez, orgullosamente mi abuelo.<!--more--><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><img loading=\"lazy\" class=\" size-large wp-image-641 aligncenter\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.conmarcapropia.com\/portal\/wp-content\/uploads\/2015\/03\/Familia-felix.jpg?resize=640%2C504\" alt=\"Familia felix\" width=\"640\" height=\"504\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.conmarcapropia.com\/portal\/wp-content\/uploads\/2015\/03\/Familia-felix.jpg?resize=1024%2C806&amp;ssl=1 1024w, https:\/\/i0.wp.com\/www.conmarcapropia.com\/portal\/wp-content\/uploads\/2015\/03\/Familia-felix.jpg?resize=300%2C236&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/www.conmarcapropia.com\/portal\/wp-content\/uploads\/2015\/03\/Familia-felix.jpg?resize=400%2C315&amp;ssl=1 400w, https:\/\/i0.wp.com\/www.conmarcapropia.com\/portal\/wp-content\/uploads\/2015\/03\/Familia-felix.jpg?resize=100%2C80&amp;ssl=1 100w, https:\/\/i0.wp.com\/www.conmarcapropia.com\/portal\/wp-content\/uploads\/2015\/03\/Familia-felix.jpg?w=1289&amp;ssl=1 1289w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" data-recalc-dims=\"1\" \/><br \/>\nDon F\u00e9lix al lado de su entra\u00f1able esposa, Concepci\u00f3n G\u00f3mez, conocida cari\u00f1osamente como Conchita, con sus hijas, Mariela, Marina, religiosa salesiana, Blanca y Cecilia, religiosa de la comunidad de las Mercedarias. Sus hijos Jorge, de barba y Hern\u00e1n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Un abuelo visto con los ojos de su nieto<\/strong><br \/>\nHombre de noble apariencia, buenas maneras, mirada franca, risa transparente, postura serena, conversaci\u00f3n fluida, figura menuda pero tambi\u00e9n respetable, piel que se confund\u00eda con el color del trigo, caminar erguido y frente siempre en alto. Su hidalga estampa correspond\u00eda a la de un caballero de anta\u00f1o. Su pulcritud y buen vestir fueron su sello personal. No escatimaba ni en el m\u00e1s m\u00ednimo detalle en cuanto a su imagen se refer\u00eda. En todo momento se dej\u00f3 ver de corbata bien puesta, sombrero de pa\u00f1o de ala corta, reposando sobre su nevada y fecunda cabellera (misma que se cortaba con disciplina prusiana cada ocho d\u00edas donde L\u00edmber, su peluquero personal), traje impecablemente vestido, sin un asomo de arruga, e imbuido en una actitud de constante gallard\u00eda para enfrentar la vida. Todas estas cualidades en su gran conjunto le confer\u00edan un porte muy coqueto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No recuerdo un solo momento de mal humor en su frugal existencia. Cada imagen que se me viene a la mente dibuja una sonrisa eterna y una actitud amable. No obstante su avanzada edad, sus movimientos, lejos de cansinos y torpes, se antojaban elegantes y armoniosos. Su rostro, gentil y distinguido, no reflejaba a\u00fan la huella que los a\u00f1os, de manera caprichosa y cruel, suelen dibujar sobre sus portadores. Due\u00f1o de una personalidad magn\u00e9tica y un carisma que brotaba por cada poro de su piel. Respaldado, adem\u00e1s, por una maquinaria intelectual muy bien aceitada y un alma pujante que no le cab\u00eda en su cuerpo. \u00c9stas, cualidades dignas del gran pol\u00edtico que llevaba dentro de s\u00ed. Un pol\u00edtico de una estatura moral m\u00e1s elevada, de un mayor estrato en cuanto a dignidad y decencia se refiere, es decir, de otra tesitura, de otro calibre. En compendio, un pol\u00edtico de los buenos. Como no los hay ahora. \u00a1Ese era mi entra\u00f1able abuelo!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Recuerdo a\u00fan sus divertidas y anheladas visitas de domingo, cuando su silueta se\u00f1orial se dejaba asomar t\u00edmidamente por la puerta de mi casa. Su sola presencia llenaba de j\u00fabilo y alborozo a nuestro hogar. Infaltable, casi religioso, era el helado que sabore\u00e1bamos mis hermanos y yo, cortes\u00eda del afable abuelo, cada gloriosa tarde de aquellas. Otras veces, llenaba nuestras insaciables panzas, que parec\u00edan no tener fondo, con pasteles, lenguas, rollos y todo tipo de chucher\u00edas en la panader\u00eda Jeric\u00f3, contigua a nuestra morada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a1Ah! como no invocar sus fant\u00e1sticas historias de brujas escaldufas, p\u00edcaros espantos y duendes juguetones. Su desbordante imaginaci\u00f3n me transportaba a m\u00e1gicos mundos que se anidaban durante un largo tiempo en mi hechizada mente. La fara\u00f3nica sala de su casa en Buenos Aires era el lugar preferido para compartir sus v\u00edvidos relatos. A\u00fan recuerdo el espl\u00e9ndido entorno que nos cobijaba: Un cl\u00e1sico sill\u00f3n color carmes\u00ed de evocaci\u00f3n colonial, rodeado de finas cortinas de pana, como las que suelen adornar las iglesias, que le impregnaban una atm\u00f3sfera de romanticismo al recinto; una ara\u00f1a de cristal estilo Baccarat, que proyectaba sus haces de luz dorada sobre el reluciente piso formado por tablones de madera perfectamente alineados (de aquellos que se pul\u00edan con viruta); una Mona lisa de Leonardo Da Vinci, que amagaba con escaparse del cuadro que la aprisionaba, y daba la impresi\u00f3n de no perderse detalle alguno del quim\u00e9rico relato; y un peque\u00f1o ej\u00e9rcito de blancas porcelanas, que armonizaban con los variopintos motivos de la inmensa alfombra de tejidos orientales que cubr\u00eda casi la totalidad de la sala. Era una cita sagrada, una perfecta comuni\u00f3n entre abuelo y nieto, casi un pacto secreto entre c\u00f3mplices silenciosos, el que ten\u00edamos en las c\u00e1lidas noches de aquellos buenos tiempos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y como olvidar aquella at\u00e1vica casa, que a\u00fan hoy se conserva en pie de lucha, con sus columnas inc\u00f3lumes y erguidas, como desafiando al tiempo. Y como olvidar sus gran\u00edticas paredes color hueso, que han visto desfilar delante suyo a cuatro generaciones de una misma familia. Y como olvidar sus herc\u00faleos pasillos forrados en madera, que supieron soportar, imperturbables y quietos, mis agitados e impetuosos pasos en aquella \u00e9poca donde fui uno m\u00e1s de sus afortunados habitantes. \u00c9sta si es una verdadera casona, a la vieja usanza. Tiene un \u00e1rea equivalente a cinco apartamentos juntos, de esos que se suelen construir en estos tiempos. Tiene un ba\u00f1o del tama\u00f1o de una habitaci\u00f3n, y un patio que bien podr\u00eda albergar a una docena de traviesos chiquilines. Y como dejar por fuera de este inventario a esa enorme cocina, casi de dimensiones industriales, la cual fue por mucho tiempo, el templo donde la abuela se abandonaba a los secretos de las artes culinarias. A\u00fan recuerdo esa cl\u00e1sica postal: aquel rupestre y p\u00e9treo mes\u00f3n de superficie irregular, abarrotado de todo tipo de especias, carnes, frutas, verduras y uno que otro aderezo; y del otro lado, Do\u00f1a Concha dise\u00f1ando sus apetitosas recetas. Entonces, ya con los manjares revoloteando en su mente, proced\u00eda a recogerse las mangas de su sedoso vestido para dar inicio al sacro ritual gastron\u00f3mico. Era como si en aquel m\u00e1gico instante se fusionaran en un solo cuerpo\u2026 en una sola masa. No era alta cocina. No era comida gourmet. Simplemente, era la cocina de la abuela, aquella que nace del coraz\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Menci\u00f3n aparte merece la \u00e9poca navide\u00f1a, cuando en noche buena, al calor de villancicos, natilla, bu\u00f1uelos y una gran miscel\u00e1nea de numerosas viandas, se reun\u00eda con todos sus nietos y nos colmaba de peque\u00f1os regalos. Aunque algunas veces optaba por escond\u00e9rnoslos en los rincones m\u00e1s inaccesibles, imprimi\u00e9ndole una pizca de suspenso al asunto. Pero m\u00e1s importante, a\u00fan, eran su emotivo abrazo y sus azucaradas palabras, que aderezaban de un gran significado el sencillo obsequio. Eran momentos de inmensa alegr\u00eda que quedar\u00e1n grabados para la posteridad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed mismo, fui testigo de lujo de sus portentosos y monol\u00edticos discursos lanzados desde los balcones del parque El redondel en el barrio Buenos Aires, una suerte de plaza p\u00fablica local, donde su grandilocuente oratoria y prosa florida hipnotizaba a las masas que acud\u00edan, copiosas y exultantes, a escucharle. Aunque por mi tierna edad no deber\u00eda entender mucho de aquellos menesteres, a\u00fan guardo un ligero y grato recuerdo. Su grave y en\u00e9rgica voz, como la de un caudillo de otro tiempo, retumbaba en todos los rincones de la comarca. Su mensaje, coherente y simple, tocaba las fibras m\u00e1s \u00edntimas de los que all\u00ed se apostaban. Su pu\u00f1o en alto, siempre apuntando hacia el cielo, y su mirada firme, sin el menor atisbo de vacilaci\u00f3n, le estampaban un cierto aire de pr\u00f3cer. De aquellos que suelen aparecer en las portadas de los peri\u00f3dicos. O dicho de otra manera, Don F\u00e9lix sol\u00eda devorarse aquel escenario pol\u00edtico con la ferocidad de un tigre en plena cacer\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y como dejar escapar de este relato la temporada vacacional que trabaj\u00e9 como mesero en \u201cLa cazuela\u201d, con el \u00fanico objetivo de recoger para el gran bot\u00edn, mi primer par de tenis de procedencia extranjera, marca NIKE para m\u00e1s se\u00f1as. Era lo que estaba en boga en la ciudad entre la juventud de la \u00e9poca. Adem\u00e1s, mi primo Alejandro Botero ya se hab\u00eda comprado los suyos, gracias al sueldo recibido unas semanas antes, tambi\u00e9n oficiando como camarero en la cafeter\u00eda de nuestros afectos. \u00a1C\u00f3mo me iba a quedar yo atr\u00e1s!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A\u00fan guardo en mi memoria los largos y presurosos pasos del incombustible abuelo tras de m\u00ed, su travieso nieto, en \u00e9poca de semana santa. El hecho sol\u00eda suceder en el cl\u00edmax de las peregrinaciones propias de la semana mayor, cuando yo, pose\u00eddo por una especie de miedo primario y sistem\u00e1tico, casi de ultratumba, sal\u00eda despavorido huyendo del kilom\u00e9trico desfile de \u00edconos religiosos, o santos que llaman coloquialmente. Todav\u00eda guardo en mi mente aquel paisaje apocal\u00edptico: Sus g\u00e9lidas miradas detenidas en el tiempo, sus tiesos y brillosos cuerpos, que daban la impresi\u00f3n de estar cubiertos de peque\u00f1as gotas de sangre, y sus rostros de expresi\u00f3n triste y est\u00e9ril, que trataban de cobrar vida en medio de un r\u00edo de gente extra\u00f1a que les reverenciaba a su ondulante paso. Es extra\u00f1o que una manifestaci\u00f3n de tal solemnidad pudiera producir semejante sensaci\u00f3n de espanto. Pero ah\u00ed estaba Don F\u00e9lix, con sus manos grandes y calurosas, con su bals\u00e1mica presencia, con su sonrisa di\u00e1fana, con sus ojos inyectados de bondad, y con sus palabras reconfortantes; logrando as\u00ed, domesticar mi ind\u00f3mita conducta, correr\u00eda que se presum\u00eda ut\u00f3pica en principio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><img loading=\"lazy\" class=\" size-large wp-image-643 aligncenter\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.conmarcapropia.com\/portal\/wp-content\/uploads\/2015\/03\/mas-familia-de-felix.jpg?resize=640%2C479\" alt=\"mas familia de felix\" width=\"640\" height=\"479\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.conmarcapropia.com\/portal\/wp-content\/uploads\/2015\/03\/mas-familia-de-felix.jpg?resize=1024%2C767&amp;ssl=1 1024w, https:\/\/i0.wp.com\/www.conmarcapropia.com\/portal\/wp-content\/uploads\/2015\/03\/mas-familia-de-felix.jpg?resize=300%2C225&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/www.conmarcapropia.com\/portal\/wp-content\/uploads\/2015\/03\/mas-familia-de-felix.jpg?resize=400%2C300&amp;ssl=1 400w, https:\/\/i0.wp.com\/www.conmarcapropia.com\/portal\/wp-content\/uploads\/2015\/03\/mas-familia-de-felix.jpg?w=1362&amp;ssl=1 1362w, https:\/\/i0.wp.com\/www.conmarcapropia.com\/portal\/wp-content\/uploads\/2015\/03\/mas-familia-de-felix.jpg?w=1280 1280w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" data-recalc-dims=\"1\" \/><br \/>\nAl lado de su esposa, disfrutando de sus nietos, Carlos David, Fernando-quien escribe- Carlos Mauricio, Alejandro, Claudia, Santiago, Camilo, Miriam, Alexandra, Pedro Pablo y Patricia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Finalizando este placentero recorrido por las historias que nos unieron en vida, tambi\u00e9n conservo en mi memoria las extenuantes jornadas electorales, en las cuales su infatigable esp\u00edritu gregario se desparramaba a favor del candidato de sus afectos. Incluso yo mismo llegu\u00e9 a servir a su causa a cambio de una sustanciosa bandeja paisa, que amenazaba peligrosamente con salirse disparada de la inconsistente caja que la envolv\u00eda. Para m\u00ed era demasiada recompensa, pues ya era suficiente premio el mero hecho de estar a su lado en aquellos momentos de m\u00e1xima efervescencia pol\u00edtica, m\u00e1s a\u00fan, a sabiendas del gran significado que ten\u00edan para \u00e9l.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de haber buceado largamente en viejos recuerdos, y poniendo bajo la lupa a mi adorable abuelo, le doy la raz\u00f3n a Marco Tulio Cicer\u00f3n, aquel gran orador romano del siglo I A.C, el cual expres\u00f3 de manera juiciosa, casi con precisi\u00f3n de cirujano: \u201cLos hombres son como los vinos; la edad agria los malos y mejora los buenos\u201d. Ahora no me queda la m\u00e1s m\u00ednima duda, Don F\u00e9lix fue en vida un burbujeante Dom P\u00e9rignon\u2026cosecha de 1905.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Sus cuatro grandes amores; pol\u00edtica, negocios, iglesia y familia.<\/strong><br \/>\nSobra decir que su sangre era tan azul como el despejado cielo en un caluroso d\u00eda de verano, pero no por asuntos propios de la monarqu\u00eda, sino por su alma conservadora a ultranza, hasta el tu\u00e9tano de sus huesos. Y vuelvo y lo digo, sin que se me suban los colores al rostro, \u00e9ste s\u00ed era un pol\u00edtico de los buenos. Tanto lo fue, que a su haber carga con una insigne condecoraci\u00f3n: la \u201cMedalla al m\u00e9rito conservador\u201d, impartida por el Dr. Mariano Ospina P\u00e9rez, ex presidente de Colombia, en el aeropuerto Olaya Herrera de Medell\u00edn. No obstante, la dicha le dur\u00f3 poco, pues en medio de la marea de gente que se form\u00f3 a la salida de la ceremonia, una mano indelicada le escamote\u00f3 h\u00e1bilmente la distinci\u00f3n en cuesti\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><img loading=\"lazy\" class=\" size-large wp-image-644 aligncenter\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.conmarcapropia.com\/portal\/wp-content\/uploads\/2015\/03\/Recorte-de-prensa-Felix.jpg?resize=640%2C629\" alt=\"Recorte de prensa Felix\" width=\"640\" height=\"629\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.conmarcapropia.com\/portal\/wp-content\/uploads\/2015\/03\/Recorte-de-prensa-Felix.jpg?resize=1024%2C1006&amp;ssl=1 1024w, https:\/\/i0.wp.com\/www.conmarcapropia.com\/portal\/wp-content\/uploads\/2015\/03\/Recorte-de-prensa-Felix.jpg?resize=300%2C295&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/www.conmarcapropia.com\/portal\/wp-content\/uploads\/2015\/03\/Recorte-de-prensa-Felix.jpg?resize=400%2C393&amp;ssl=1 400w, https:\/\/i0.wp.com\/www.conmarcapropia.com\/portal\/wp-content\/uploads\/2015\/03\/Recorte-de-prensa-Felix.jpg?w=1222&amp;ssl=1 1222w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" data-recalc-dims=\"1\" \/><br \/>\nAs\u00ed registr\u00f3 El Colombiano en 1978, la elecci\u00f3n de la mesa directiva del directorio Conservador facci\u00f3n de \u00c1lvaro G\u00f3mez Hurtado, conocidos como los \u00abalvaristas\u00bb en Antioquia, entre ellos, F\u00e9lix Botero G\u00f3mez, secretario de debate para Medell\u00edn.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Siempre fue proclive a favorecer a los suyos, as\u00ed como a los m\u00e1s necesitados, brind\u00e1ndose sin reparos y sin esperar nada a cambio. Ten\u00eda tanto peso espec\u00edfico en su amplio c\u00edrculo pol\u00edtico que a menudo se empleaba a fondo como padrino de oficio, mejorando sustancialmente las posibilidades de \u00e9xito a aquellos allegados y parientes que requer\u00edan de alg\u00fan tipo de recomendaci\u00f3n para aspirar a un puesto en particular.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Adem\u00e1s, fue reconocido como un gran l\u00edder comunitario del Santuario. En su ejercicio fund\u00f3 el Centro cultural, construy\u00f3 nuevos locales escolares y auspici\u00f3 el peri\u00f3dico Ecos del oriente. Tambi\u00e9n, fue miembro activo del directorio conservador municipal y fue elegido concejal en varios periodos. Igualmente, fue presidente del comando obrero departamental conservador.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Engrosando su impecable hoja de vida figura el oficio de personero municipal del Santuario, donde se desempe\u00f1\u00f3 dignamente durante 5 a\u00f1os, y vel\u00f3 eficientemente por los intereses colectivos de la regi\u00f3n. Todav\u00eda se le recuerda recorriendo las calles del pueblo, meg\u00e1fono en mano, enviando mensajes c\u00edvicos a toda la concurrencia. Aunque en otras ocasiones, prefer\u00eda recurrir a los favores de su peque\u00f1o hijo por aquel entonces, Jorge Botero, quien en compa\u00f1\u00eda de sus amigos de infancia (como el Col\u00ed Zuluaga) y a raz\u00f3n de 5 centavos per c\u00e1pita gritaban a pulm\u00f3n partido: \u201cViva el partido conservador\u201d. As\u00ed pues, entre sus logros m\u00e1s reconocidos est\u00e1n la asfaltada de la plaza principal, la recepci\u00f3n de la carretera Santa Elena (la \u00fanica conexi\u00f3n entre el oriente Antioque\u00f1o y Medell\u00edn en aquella \u00e9poca), y la siembra de varias araucarias que hasta hace muy poco tiempo engalanaban, impasibles y calmosas, el parque que alguna vez le vio pasearse por sus pintorescas calles, perfumadas de cierto aroma buc\u00f3lico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Quisiera hacer un alto en el camino en el asunto de la asfaltada de la plaza.\u00a0 Resulta que ante las adversas condiciones clim\u00e1ticas para llevar a cabo la obra civil, la cual amenazaba con convertirse en un intransitable lodazal, el abuelo F\u00e9lix en com\u00fan acuerdo con el cura p\u00e1rroco Ignacio Botero, encontraron una manera pragm\u00e1tica de encauzar el rumbo perdido de aquel elefante blanco en franca progresi\u00f3n. La cuesti\u00f3n deriv\u00f3 en una jugada muy astuta. Todo parroquiano que llegare presto a confesarse era exhortado, como parte de la pena a cumplir, a llenar con piedras las \u00e1reas enfangadas de la construcci\u00f3n en menci\u00f3n. La actividad result\u00f3 ser todo un \u00e9xito, pues la obra se pudo culminar a satisfacci\u00f3n y sin mayores traumatismos. Como quien dice, la plaza del santuario se asfalt\u00f3 a punta de penitencias. Y ver el adefesio en que la han convertido estos \u201cgenios\u201d de la pol\u00edtica moderna.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, no todo su andar fue color de rosa. Tambi\u00e9n le toc\u00f3 sortear momentos dif\u00edciles, pero siempre defendiendo los colores de su partido con car\u00e1cter y estoicismo. Muchas veces se tuvo que armar de valor para esquivar guachafitas nocturnas y arengas ofensivas del tenor de: \u201cAbajo F\u00e9lix Botero viejo comunista\u201d, en una \u00e9poca donde liberales y conservadores radicales, de idiosincrasia pseudo partisana, se profesaban un odio visceral, casi a muerte, como si se tratara de un asunto exclusivo entre perros y gatos. Cabe aclarar que mi abuelo no pertenec\u00eda a ninguna de estas dos facciones de temple sectario.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En otras ocasiones, Monse\u00f1or Ignacio Botero, temiendo por la integridad del gran adalid, dados los \u00e1lgidos tiempos que se estaban viviendo, le recomendaba resguardarse en su domicilio. Pero Don F\u00e9lix, de naturaleza flem\u00e1tica y circunspecta, sal\u00eda a pasearse muy orondo por la plaza, haciendo caso omiso a la instrucci\u00f3n del preocupado cura. Incluso, cuando en su gesti\u00f3n como l\u00edder comunitario se le encomend\u00f3 la impopular tarea de instalar contadores de agua en las veredas, supo torear con gran arrojo a los enardecidos moradores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n se recuerda un legendario episodio en el pueblo, de connotaciones casi b\u00edblicas. Fue la vez que hubo una gran manifestaci\u00f3n de los Ospinistas en contra de los Alzatistas en plena plaza principal. Mi abuelo abogaba por los Ospinistas, como era obvio, y estaba a favor de la marcha. No obstante, una voz de mando del grupo opositor orden\u00f3 que solo se llevara a cabo dicha actividad hasta las tres de la tarde. Entonces Don F\u00e9lix, de manera sagaz y salom\u00f3nica, opt\u00f3 por enviar a uno de los suyos a detener el reloj de la iglesia, el cual serv\u00eda de referencia horaria, justo a las tres en punto. Fue as\u00ed como el tiempo se detuvo, los segundos se hicieron eternos, los minutos parec\u00edan horas\u2026y la protesta gan\u00f3 un tiempo valioso. \u00a1De ese talante era mi abuelo!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otra situaci\u00f3n que da cr\u00e9dito de su enorme capacidad resolutiva fue la acontecida en una fr\u00eda noche en el Santuario, cuando una turba enajenada se dirig\u00eda a la vivienda del Dr. Pedro Pablo Arias, de fina alcurnia liberal, para atentar en contra de su integridad. Fue as\u00ed como Don F\u00e9lix, sin importarle la condici\u00f3n pol\u00edtica del acusado, decidi\u00f3 salir en su defensa. Por lo tanto, cogi\u00f3 a media noche su poderoso meg\u00e1fono y al son de mensajes pacifistas, cual \u00e9mulo de Gandhi,\u00a0 logr\u00f3 sosegar los caldeados \u00e1nimos de la enojada multitud, frenando, de esta manera, la vor\u00e1gine en curso. El Dr. Arias le guardar\u00eda eterna gratitud. Y saber que anteriormente en su columna, del medio en el que trabajaba, no escatimaba esfuerzos para arremeter, en actitud abiertamente inquisidora, en contra de todo lo que oliera a Don F\u00e9lix Botero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tampoco se puede obviar su ef\u00edmero paso por las aulas de clase, pero esta vez en el papel de docente, donde su don de gentes y amplios saberes le valieron el reconocimiento de sus estudiantes. As\u00ed pues, fue maestro de primaria en la vereda del morro y luego, por un breve periodo, en la instituci\u00f3n San Luis Gonzaga, donde tambi\u00e9n hab\u00eda estudiado en su etapa de adolescencia. Pese a su buena labor en la ense\u00f1anza la suerte ya estaba echada, pues el intenso llamado de la pol\u00edtica, como si de una colosal fuerza de atracci\u00f3n planetaria se tratara, le gan\u00f3 ampliamente la partida a su vocaci\u00f3n por el magisterio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A la par de su desenfrenada pasi\u00f3n por la pol\u00edtica, la cual parec\u00eda tener cosida a su ADN, el mundo de los negocios le sedujo en demas\u00eda. Inicialmente lo intent\u00f3 con una chocolatera, luego con una ladrillera, hasta que finalmente se decant\u00f3 por un granero. Primero lo tuvo en su pueblo natal, y luego, ya radicado en Medell\u00edn, diagonal a la iglesia de Buenos Aires, donde monta\u00f1as de granos y abarrotes sobresal\u00edan en cada muro del establecimiento. M\u00e1s adelante tuvo una cafeter\u00eda cerca del parque de Berr\u00edo, como a cuatro cuadras, bautizada \u201cLa Cazuela\u201d, la cual regentaba en compa\u00f1\u00eda de su fiel escudero, Tulio Villegas. Es all\u00ed donde guardo los recuerdos m\u00e1s claros: Bu\u00f1uelos de tama\u00f1o descomunal, chicha y avena helada, salchich\u00f3n frito en porciones generosas, perico en abundancia y una gran variedad de platos t\u00edpicos hac\u00edan las delicias del sitio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque un hombre acomodado, nunca atesor\u00f3 grandes riquezas, ya que su buen coraz\u00f3n y altruismo sin igual le llevaron con frecuencia a la caridad y el mecenazgo. Es as\u00ed como regalaba mercados a los m\u00e1s necesitados, y en sus libros de cuentas hab\u00eda una amplia lista de deudores que prefer\u00eda olvidar, dadas las precarias condiciones econ\u00f3micas de los morosos de turno. Era tan dadivoso que si una familia del barrio dejaba de mercar por m\u00e1s de una semana en su granero, asum\u00eda de manera casi autom\u00e1tica que se encontraban mal en asuntos monetarios. Y acto seguido, les mandaba un op\u00edparo y surtido mercado. Por cuenta de la casa, como era de presumirse.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No se puede dejar de lado su austera y sencilla forma de vida, as\u00ed como su devoci\u00f3n por la familia y entrega absoluta al catolicismo, rasgos inequ\u00edvocos de una sabia y sensata educaci\u00f3n recibida por parte de los Jesuitas en el Colegio San Ignacio de Medell\u00edn, y desde luego, por los gu\u00edas espirituales en su fugaz paso por el seminario conciliar de Medell\u00edn. Quiz\u00e1s fue all\u00ed donde interioriz\u00f3 m\u00e1s a fondo en su espiritualidad, emulando los saludables patrones de comportamiento que se respiraban en cada uno de sus rincones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n influy\u00f3 en sus calidades como persona de bien, el camino se\u00f1alado por su t\u00edo, el cura p\u00e1rroco Jos\u00e9 Ignacio Botero. Incluso, por expresa petici\u00f3n suya lleg\u00f3 a mudarse a vivir en la casa cural, donde se gan\u00f3 el cari\u00f1o de todos sus residentes, sirvi\u00e9ndoles de apoyo y excelente compa\u00f1\u00eda. Entre sus tareas m\u00e1s demandadas despuntaba una en especial, la lectura, principalmente en lo concerniente a los textos sagrados. Su pasmosa facilidad en el oficio llam\u00f3 la atenci\u00f3n de sus mentores. Tal vez fue este el punto de inflexi\u00f3n en su etapa de aprendizaje que le animar\u00eda a aventurarse en las lides de la oratoria, arte que m\u00e1s adelante llegar\u00eda a dominar con prodigiosa solvencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por \u00faltimo, y como prueba fehaciente de su abnegaci\u00f3n irrestricta y f\u00e9rrea, se destac\u00f3 en el ejercicio de la presidencia en la Sociedad del mutuo auxilio de San Jos\u00e9 y en la instituci\u00f3n San Luis Gonzaga. Hasta hubo quien se aventurara a llamarle Padre F\u00e9lix, pues sus locuaces y sentidos discursos se confund\u00edan f\u00e1cilmente con los sermones de domingo. En cambio, otros prefer\u00edan llamarle cari\u00f1osamente San Luis Gonzaga. Quiz\u00e1s por esas cosas del destino fue premiado por la vida con dos hijas religiosas, Sor Luz Marina y Sor Cecilia, la una salesiana y la otra mercedaria, que para la \u00e9poca era el m\u00e1ximo orgullo al que pod\u00eda aspirar una familia sustentada en los pilares del dogma cat\u00f3lico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Claves para entender a un gran hombre<\/strong><br \/>\nA pesar de ser estricto y de profesar una r\u00edgida disciplina, se prodigaba en muestras de amor para con sus hijos. Sol\u00eda pasar cari\u00f1osa y socarronamente su tupida y \u00e1spera barba en sus desprevenidos rostros, y siempre estaba dispuesto a tratar de solucionarles sus problemas con sabios consejos, as\u00ed como a servirles de faro y gu\u00eda, inculc\u00e1ndoles sanos valores que les permitieran enfrentar la vida de manera ecu\u00e1nime, apuntando siempre hacia un horizonte recto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ni siquiera cuando fue acorralado por los filosos colmillos de la muerte le abandon\u00f3 el aplomo, pues a sabiendas de que se aproximaba el colof\u00f3n de su existencia, supo emanciparse de su propia agon\u00eda, casi con hero\u00edsmo de guerrero espartano, ya que tuvo la fortaleza de esperar a que la familia estuviera en pleno reunida en torno a \u00e9l, para finalmente empujar suave y silenciosamente su \u00faltimo suspiro. Y entonces, ya libre y sin el yugo de las cadenas que le ataban a este mundo, pudo al fin emprender su vuelo a encontrarse con sus dos amados hijos, Guillermo y Gilma, que se le hab\u00edan adelantado en el perpetuo viaje.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como testimonio de su gran estado de forma nunca se dejaba ayudar a la hora de subir unas escaleras, de levantar algo pesado o de efectuar una actividad de gran esfuerzo, s\u00edmbolo de un gran esp\u00edritu brav\u00edo y una altivez elevada a su m\u00e1xima expresi\u00f3n, improntas centenarias de nuestros campesinos ancestrales. A pesar de cargar m\u00e1s de siete d\u00e9cadas en sus espaldas, siempre supo llevarlas con compostura y dignidad. Era propietario de una entereza sin par y de una lucidez a prueba de tempestades. Ya fuera ascendiendo el encumbrado Nevado del Ruiz, donde en lugar de ser empujado cuesta arriba ten\u00eda que ser atajado, o montando en lancha en los mares turbulentos de San Andr\u00e9s, v\u00eda Johnny Cay, nunca dej\u00f3 que una mano ajena le socorriera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En t\u00e9rminos generales siempre goz\u00f3 de muy buena salud, pero cuando se enfermaba o lo aquejaba una dolencia de tipo menor, acud\u00eda a su \u201cSanto grial\u201d de la farmacopea, mi padre, Jos\u00e9 Pach\u00f3n. Era tal su confianza en \u00e9l, que casi se convirti\u00f3 en su m\u00e9dico de cabecera. \u201cQu\u00e9 cuentos de doctores, si ah\u00ed tengo a Pach\u00f3n a la cuadra\u201d, dec\u00eda con toda la seriedad del caso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un chocolate caliente y espumoso, un huevo tibio y una arepa casera (de las que la abuela sol\u00eda preparar en su m\u00e1quina de moler), con mantequilla y quesito le preparaban para un atareado y din\u00e1mico d\u00eda. Un pastor Collins adecuadamente entrenado le llevaba diariamente El colombiano hasta su cama, donde al son de su fiel compa\u00f1era de madrugada, Todelar, la radio que \u201cest\u00e1 en todas partes\u201d, se enteraba del acontecer diario.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A la par que escuchaba las noticias se embetunaba los zapatos. Era un rito casi draconiano. Tanto as\u00ed, que no cesaba de lustrarlos hasta que su rostro se viera pr\u00e1cticamente reflejado en ellos. Adem\u00e1s, como fiel practicante en la fe, acud\u00eda diaria y puntualmente a misa de siete de la ma\u00f1ana, aut\u00e9ntico paradigma del buen cat\u00f3lico. Luego se dispon\u00eda a sus labores diarias, no sin antes darle cuerda a su preciado tesoro, un imponente reloj Jawaco de madera, que reposaba en la parte m\u00e1s alta del bif\u00e9 del comedor, el cual de manera acrob\u00e1tica y temeraria, dada la elevada ubicaci\u00f3n del artilugio y la condici\u00f3n cuasi octogenaria del ejecutante, mimaba con esmero y curia. Era la hora pues de dejar a la abuela al mando del hogar y viajar a infanter\u00eda pura hacia su negocio, atendi\u00e9ndolo como Dios manda. As\u00ed, Las largas caminatas matutinas hasta \u201cLa Cazuela\u201d, ubicada en el coraz\u00f3n de Medell\u00edn, le brindaron una salud de roble.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s, a la hora de almuerzo, sol\u00eda reunirse sagradamente con sus amigos y contertulios en el caf\u00e9 Medell\u00edn, ubicado entre Palac\u00e9 y la Playa, donde al ritmo de un tinto caliente se explayaba, casi hasta el \u00e9xtasis, a hablar de asuntos pol\u00edticos\u2026 y nada m\u00e1s. Se podr\u00eda decir de manera categ\u00f3rica, que el abuelo era una especie de \u201canimal\u201d pol\u00edtico en estado natural\u2026en todo el buen sentido de la expresi\u00f3n, claro est\u00e1.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A la hora de entregarse a los placeres de la buena mesa, eran infaltables en su variado men\u00fa: un aguacate con sal, una suculenta sopa de guineo, unos gustosos fr\u00edjoles con coles, una buena mazamorra con bocadillo o en su defecto con panela picada en finos trozos, las deliciosas tortas de carne, marca registrada de la abuela, Do\u00f1a Concha G\u00f3mez, y la limonada caliente por las noches, algunas veces acompa\u00f1ada con un ponquesillo de mediano tama\u00f1o, el cual Marina Casta\u00f1o, su indescifrable, diligente y voluble empleada dom\u00e9stica, le llevaba con pasos t\u00edmidos y harto sigilo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Menci\u00f3n aparte merece su afici\u00f3n extrema por el chicharr\u00f3n y en menor grado por las carnes bien sazonadas. Aunque siempre se quejaba de su mala suerte a la hora de comer en la calle. Al respecto sol\u00eda decir: \u201c\u00a1Eh!, yo si soy muy de malas, cada que pido carne, siempre me la sirven dura\u201d.<\/p>\n<figure id=\"attachment_646\" aria-describedby=\"caption-attachment-646\" style=\"width: 640px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" class=\"size-large wp-image-646\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.conmarcapropia.com\/portal\/wp-content\/uploads\/2015\/03\/hias-de-felix.jpg?resize=640%2C444\" alt=\"Al lado de su hija Cecilia, de la comunidad Mercedaria.\" width=\"640\" height=\"444\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.conmarcapropia.com\/portal\/wp-content\/uploads\/2015\/03\/hias-de-felix.jpg?resize=1024%2C710&amp;ssl=1 1024w, https:\/\/i0.wp.com\/www.conmarcapropia.com\/portal\/wp-content\/uploads\/2015\/03\/hias-de-felix.jpg?resize=300%2C208&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/www.conmarcapropia.com\/portal\/wp-content\/uploads\/2015\/03\/hias-de-felix.jpg?resize=400%2C277&amp;ssl=1 400w, https:\/\/i0.wp.com\/www.conmarcapropia.com\/portal\/wp-content\/uploads\/2015\/03\/hias-de-felix.jpg?w=1600&amp;ssl=1 1600w, https:\/\/i0.wp.com\/www.conmarcapropia.com\/portal\/wp-content\/uploads\/2015\/03\/hias-de-felix.jpg?w=1280 1280w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" data-recalc-dims=\"1\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-646\" class=\"wp-caption-text\">Al lado de su hija Cecilia, de la comunidad Mercedaria.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nYa ad portas de la cama sol\u00eda acompa\u00f1ar sus rezos y aves mar\u00edas con una copa rebosante de aguardiente antioque\u00f1o. Eso s\u00ed, solo una, pues nunca fue hombre de vicios ni h\u00e1bitos insanos. Creo que esa fue una de las claves en relaci\u00f3n a su excelente estado de salud\u2026 y de \u00e1nimo tambi\u00e9n. Ahora intuyo que mi abuela le copi\u00f3 esa sana costumbre, pues tambi\u00e9n se mandaba un et\u00edlico a modo de jarabe cada noche antes de entregarse, pl\u00e1cida y sumisa, a los brazos de Morfeo (Dios griego de los sue\u00f1os). No en vano, casi alcanz\u00f3 el siglo de existencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y hablando de mi bella abuela, como no evocarla en estos momentos de infinita a\u00f1oranza. Todav\u00eda el eco de su esponjosa y tibia voz habita en mi memoria. Era una mujer de una piel tan tersa y pura que no dejaba adivinar f\u00e1cilmente sus a\u00f1os. En su angelical rostro se trazaba una sutil sonrisa, muy similar en su gesto a la que plasm\u00f3 Da Vinci en su Gioconda. La expresi\u00f3n de dulzura que emanaba de su ser invitaba al regocijo. El brillo de sus ojos reflejaba la bondad que su alma hospedaba. Todo en ella era un remanso de paz. Su andar era suave y pausado, casi levitante. Su baja estatura contrastaba con su esp\u00edritu de gruesa envergadura. Era una mujer dedicada exclusivamente a los quehaceres de su hogar, a Dios y a sus hijos, y contrariamente a mi abuelo, le hu\u00eda casi de manera suplicante a los paseos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed pues, sus \u00fanicas excursiones al mundo exterior no pasaban de la iglesia, la casa de su eterna amiga y alma gemela, Estercita G\u00f3mez, y la de su querida hermana, Ritica. Aunque en muchas otras ocasiones, devolviendo cortes\u00edas, sol\u00eda recibirlas amablemente en la sala de su casa, siempre con los brazos abiertos y esbozando una sincera sonrisa, pues aquellos agradables encuentros representaban su \u00fanica v\u00e1lvula de escape a la rutina. Adem\u00e1s, pensar\u00eda la abuela, c\u00f3mo no regalarse aquellos bien merecidos momentos de alegr\u00eda con tan grata compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De otra parte, ten\u00eda una saz\u00f3n que envidiar\u00eda hasta el mejor chef. Sus deliciosos platos eran esperados con ansias locas por toda la familia. Entre sus debilidades resalto un pecadillo, muy propio de su condici\u00f3n humana: su peque\u00f1o romance con los dulces, galletas y chocolates, los cuales se esforzaba en ocultar de mi vista en lugares rec\u00f3nditos, pues ambos compart\u00edamos el mismo gusto por aquellas exquisiteces. En otro sentido, cultivaba una memoria prodigiosa que sin embargo no gustaba ostentar. Aunque en apariencia fr\u00e1gil, era una mujer de armas tomar, haci\u00e9ndole honor a nuestras enjundiosas matronas paisas, pues fue capaz de echarse al hombro la tit\u00e1nica labor de guiar a sus ocho hijos en los principios del catolicismo y la ortodoxia de las buenas costumbres; siempre de una manera cautelosa y correcta. Y as\u00ed como vivi\u00f3, tambi\u00e9n muri\u00f3; en completa armon\u00eda y tranquilidad, igual que una velita cuando se va apagando lentamente por la acci\u00f3n del viento. Reza la sabidur\u00eda popular que \u201cDetr\u00e1s de cada gran hombre hay una gran mujer\u201d. En este caso la expresi\u00f3n no puede haber sido m\u00e1s acertada, pues gracias a la incondicional y devota compa\u00f1\u00eda de mi abuela, Don F\u00e9lix fue lo que todos conocimos de \u00e9l, ayud\u00e1ndole, adem\u00e1s, a remar en contra de la corriente en los momentos m\u00e1s dif\u00edciles de su existencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Retomando nuevamente a mi abuelo y terminando con esta breve radiograf\u00eda, vale decir que cuando se trataba de sanos momentos de esparcimiento era siempre el primero en levantar la mano, ubic\u00e1ndose en primera fila. Aunque no se le podr\u00eda catalogar como un sibarita consumado y su comportamiento estaba alejado de cualquier indicio de hedonismo, siempre se le ve\u00eda animoso en cuanto paseo familiar se programara, ya fuera en el fr\u00edo santuario, la tierra que alguna vez le vio nacer, o en el clima malsano y abrasador de la pintada, lugar de veraneo familiar. Tambi\u00e9n, de cuando en vez se aventaba sus aguardienticos dobles en cuanto estadero se atravesara, los cuales sol\u00eda pasar con naranjada en vasito peque\u00f1o o con cuajada en trocitos y pedacitos de salchich\u00f3n ba\u00f1ados en lim\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Justo ahora me parece pertinente traer a colaci\u00f3n un peque\u00f1o pero elocuente fragmento de la espl\u00e9ndida obra de Lewis Carroll, Alicia en el pa\u00eds de las maravillas, para poder expresar la aut\u00e9ntica naturaleza del bien ponderado abuelo. Aquella did\u00e1ctica f\u00e1bula tiene lugar cuando Alicia cae intempestivamente por un extra\u00f1o agujero y va a parar al pa\u00eds de las maravillas, encontr\u00e1ndose con varias calles sin saber cual escoger. Y entonces se topa con el sonriente gato de nombre Cheshire: \u201cQu\u00e9 camino debo tomar &#8211; Dijo tristemente Alicia \u2013 No lo s\u00e9. Hacia d\u00f3nde quieres ir \u2013 Replic\u00f3 el gato, regal\u00e1ndole una escueta sonrisa \u2013 Eso no importa \u2013 Comenz\u00f3 a sollozar Alicia \u2013 Entonces&#8230;Tampoco importa el camino que tomes \u2013 Dijo el gato, desapareciendo de la escena \u2013\u201c\u2026As\u00ed pues, muy por el contrario a la confundida Alicia, Don F\u00e9lix tuvo muy claro su verdadero prop\u00f3sito de vida, y por ende tambi\u00e9n, la justa elecci\u00f3n de las rutas m\u00e1s id\u00f3neas para desembarcar en buen puerto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mi abuelo siempre procur\u00f3 transitar por los caminos m\u00e1s rectos posibles, a pesar de que estuvieran plagados de todo tipo de obst\u00e1culos. Para \u00e9l lo m\u00e1s importante, incluso por encima de su propio bienestar, era culminar cabalmente con sus objetivos trazados, soportados en una conducta sin rastro de mancha y en el amor incondicional que profesaba hacia todos los suyos. En este orden de ideas, los caminos que recorri\u00f3 en vida, por mencionar solo algunos, fueron: el desprendimiento para brindarse a los dem\u00e1s, la tenacidad para asumir las desventuras, la prudencia para regodearse en los peque\u00f1os deleites, y el virtuosismo para cumplir a pie juntillas con las obligaciones que le demandaban su credo. Como no pod\u00eda ser de otra manera, y como consecuencia l\u00f3gica de sus actos, todos estos caminos le condujeron a un inexorable destino: Una existencia ejemplar, que con el transcurrir de los a\u00f1os evoluciona continuamente hacia un modelo digno, mas no f\u00e1cil, de imitar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>An\u00e9cdotas del abuelo<\/strong><br \/>\nMuchas notas de color, y algunas otras grises, hubo de tener en su largo trasegar por la vida, condici\u00f3n esencial de una personalidad de atributos tan singulares. Sin embargo, rescato solo algunas dignas de contar. As\u00ed pues, muchos de los hechos que en su momento pudieron revestirse de cierto tinte dram\u00e1tico, hoy en la distancia se observan bajo un prisma diferente, rayando casi en lo jocoso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como la vez que antes de un paseo familiar tuve la impericia de partirle en mil pedazos su puente dental. Pero era tal su esp\u00edritu aventurero, que antes que cancelar el viaje, no dud\u00f3 ni un minuto en buscar pegamento en la casa de un tegua conocido de la familia, y as\u00ed poder partir rumbo al destino de turno (El Pe\u00f1ol si no estoy mal), con la seguridad, eso s\u00ed, de brindar una sonrisa confiable\u2026y duradera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De un tono un poco m\u00e1s oscuro, fue la vez que uno de sus nietos, Alejandro Botero, empujado por la curiosidad, resolvi\u00f3 empu\u00f1ar con sus inquietas manos su rev\u00f3lver Smith Wesson, el cual solo utilizaba para limpiar, y que m\u00e1s all\u00e1 de un instrumento de defensa era apreciado como un art\u00edculo de lujo y sofisticaci\u00f3n. Y nada m\u00e1s que eso. Era una bella m\u00e1quina, con una brillante cacha blanca de concha de n\u00e1car y una inscripci\u00f3n grabada donde se destacaba la imagen de una vaca. Pero antes que Alejandro, Carlos Pach\u00f3n, su primo menor, la tuvo entre sus manos. El c\u00f3mo y el d\u00f3nde la tom\u00f3 son todo un misterio. Lo que s\u00ed es una certeza es que el primo mayor se hizo a los servicios de aquel preciado \u201ctrofeo de guerra\u201d. Luego, en son de juego, \u00e9ste apunt\u00f3 inocentemente a la espalda del abuelo, quien se encontraba en lo alto del bif\u00e9 del comedor haci\u00e9ndole labores de mantenimiento a su estimado reloj. De pronto, un recital de gritos persistentes y agudos lanzados por Mirian C\u00e1rdenas, la madre del peque\u00f1o \u201cvaquero\u201d, rompi\u00f3 la calma del lugar. Inmediatamente, y con reflejos felinos, Jorge Botero, a\u00fan con la respiraci\u00f3n cortada y sus manos empapadas de sudor fr\u00edo, lo despoj\u00f3 del improvisado juguete. Como era de esperarse, el susto de todos los que se encontraban all\u00ed fue may\u00fasculo, m\u00e1s a\u00fan, al percatarse de que el tambor estaba cargado de plomo puro, pues al ser vaciado, brot\u00f3 de sus entra\u00f1as una compacta \u201ccatarata\u201d de balas calibre 38 que impact\u00f3 ruidosamente contra el piso. \u00a1S\u00ed, muchas balas! Pero una vez m\u00e1s el destino le hizo un gui\u00f1o a la familia Botero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Recuerdo tambi\u00e9n, como si fuera ayer, la vez que en su lecho de muerte me pidi\u00f3 que le sirviera un tequila bien cargado, y yo ni corto ni perezoso me aprest\u00e9 a secundarlo en tan peculiar empresa. Inclusive me tom\u00e9 el atrevimiento de a\u00f1adirle algunas rodajas de lim\u00f3n. Era lo m\u00ednimo que pod\u00eda hacer por un alma tan justa y generosa.<\/p>\n<figure id=\"attachment_647\" aria-describedby=\"caption-attachment-647\" style=\"width: 640px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" class=\"size-large wp-image-647\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.conmarcapropia.com\/portal\/wp-content\/uploads\/2015\/03\/hijos-de-felix.jpg?resize=640%2C394\" alt=\"Acompa\u00f1ando a su hija Mariela en el matrimonio con Jos\u00e9 Pach\u00f3n.\" width=\"640\" height=\"394\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.conmarcapropia.com\/portal\/wp-content\/uploads\/2015\/03\/hijos-de-felix.jpg?resize=1024%2C630&amp;ssl=1 1024w, https:\/\/i0.wp.com\/www.conmarcapropia.com\/portal\/wp-content\/uploads\/2015\/03\/hijos-de-felix.jpg?resize=300%2C185&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/www.conmarcapropia.com\/portal\/wp-content\/uploads\/2015\/03\/hijos-de-felix.jpg?resize=400%2C246&amp;ssl=1 400w, https:\/\/i0.wp.com\/www.conmarcapropia.com\/portal\/wp-content\/uploads\/2015\/03\/hijos-de-felix.jpg?w=1600&amp;ssl=1 1600w, https:\/\/i0.wp.com\/www.conmarcapropia.com\/portal\/wp-content\/uploads\/2015\/03\/hijos-de-felix.jpg?w=1280 1280w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" data-recalc-dims=\"1\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-647\" class=\"wp-caption-text\">Acompa\u00f1ando a su hija Mariela en el matrimonio con Jos\u00e9 Pach\u00f3n.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">De otro lado, me cuenta mi madre, Mariela Botero, que alguna vez le toc\u00f3 saborear largamente el amargo cuero de su correa, ya que mi abuelo se enter\u00f3 de boca ajena que su propia hija estaba violando una de las reglas de oro de su campa\u00f1a como personero: \u201cCuidar los \u00e1rboles del pueblo\u201d. Dicen las malas lenguas que vieron a la hija del personero, muy indolente y desparpajada, arrancando unos cuantos verdes y frondosos arbustos con sus peque\u00f1as y fr\u00e1giles manos. Luego, como era de esperarse, la cueriza se dej\u00f3 venir con todo su rigor, acompa\u00f1ada, como lo ameritaba la ocasi\u00f3n, de un rosario de reproches y firmes prop\u00f3sitos de enmienda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como lo he repetido de manera insistente y sin temor a fallar en el dictamen, mi abuelo albergaba un coraz\u00f3n del tama\u00f1o de una catedral. Para la prueba un bot\u00f3n. En cierta ocasi\u00f3n, hace ya un gran tiempo, hab\u00eda un ni\u00f1o abandonado en los f\u00e9rtiles prados del Santuario, el cual iba a ser entregado a una humilde familia dedicada a las labores del campo. Entonces Don F\u00e9lix, en un s\u00fabito arrebato de filantrop\u00eda, y previa gesti\u00f3n de Hern\u00e1n Botero, uno de sus hijos, orden\u00f3 perentoriamente rescatar a la desventurada criatura de tan incierto destino, ampar\u00e1ndolo en su seno familiar. Mucho tiempo despu\u00e9s, aquel otrora chiquillo de cara sucia y pies descalzos, cuyo nombre me reservo, se convertir\u00eda en un hombre de bien. Ya adentr\u00e1ndome en los fangosos dominios del azar, es imposible develar que suerte hubiera corrido el inocente cr\u00edo de no haber mediado mi abuelo, pero en cualquier caso, la providencial intervenci\u00f3n del conspicuo patriarca muy seguramente le libr\u00f3 de un vacilante futuro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otro hecho que da fe de su bien marcado cariz humanista es el relacionado con Rub\u00e9n, aquel simp\u00e1tico ni\u00f1o de rasgos muy criollos y d\u00f3cil car\u00e1cter, que tambi\u00e9n fue acogido por la familia Botero\u2026 con la sagrada bendici\u00f3n del jefe del hogar\u2026 como no podr\u00eda ser de otra forma. Aunque no gozar\u00eda del mismo estatus del otro chiquillo, s\u00ed le fue brindado techo y comida. Incluso se le ofreci\u00f3 educaci\u00f3n, pero \u00e9ste no aprovech\u00f3 la generosa oferta y se fue por otros caminos que la vida suele ofrecer. Hoy en d\u00eda, a\u00fan frecuenta la casa que alguna vez le abri\u00f3 sus puertas de par en par, y de cuando en cuando la recorre, a\u00f1orando con melancol\u00eda la oportunidad que alguna vez dej\u00f3 escapar. Puedo estar equivocado, pero esa es mi impresi\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque jam\u00e1s se le vio fuera de sus cabales y siempre supo administrar en la \u201csalsa justa\u201d sus espor\u00e1dicas y mesuradas citas con el licor, solamente una vez en vida, que yo recuerde, sucumbi\u00f3 ante los encantos de Baco (Dios greco-romano del vino), cayendo rendido a sus pies, seducido, tal vez, por su picaresco galanteo. Es as\u00ed como en uno de aquellos \u00e9picos diciembres, con la acogedora caba\u00f1a de la pintada como tel\u00f3n de fondo, nos encontr\u00e1bamos departiendo felizmente gran parte de la familia. A\u00fan siento latir las notas cadenciosas de los boleros y baladas rom\u00e1nticas que expulsaban los parlantes de una vieja grabadora marca Phillips de color plata. Recuerdo que mi abuelo reposaba su ilustre humanidad sobre una r\u00fastica butaca de madera en tonalidad naranja chill\u00f3n. Las copas de cristal chocaban mel\u00f3dicamente al comp\u00e1s de la deliciosa conversaci\u00f3n. A pesar del t\u00f3rrido clima se respiraba frescura en el lugar. Una colosal picada de chicharr\u00f3n cortado en finas capas, papa criolla en zumo de lim\u00f3n, y apetitosos embutidos en todas sus manifestaciones posibles, amenazaban con romper la dieta de los comensales que all\u00ed se reun\u00edan. Mi abuelo, Don F\u00e9lix Botero, era el protagonista principal de la escena, quien, rememorando sus \u00e9pocas de anta\u00f1o, se aventaba un discurso tras otro. Y ya entrado en gastos, y con la caba\u00f1a 30 A convertida en palestra p\u00fablica, no hubo m\u00e1s remedio que adobar las celebradas peroratas con la respectiva porci\u00f3n de an\u00eds embotellado. De tal suerte pues que el abuelo, escoltado por una peque\u00f1a corte de hombres tambaleantes, fue sacado en hombros literalmente, pero en esta ocasi\u00f3n directo hacia la cama. \u00a1Qu\u00e9 buenas jornadas aquellas!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con casi los mismos protagonistas pero cambiando de decorado, se dio lugar a otra gran historia. A\u00fan recuerdo aquella noche decembrina en la finca del Santuario, ubicada en la vereda de Vargas: globos de m\u00faltiples colores alzaban vuelo desde sus verdes prados, para luego extraviar sus formas luminosas en la inmensidad del firmamento; una pila de rostros de expresiones alegres le brindaban una sensaci\u00f3n de armon\u00eda a todo el lugar; el olor a pasto fresco se confund\u00eda con el aroma que dejaban a su paso los jugos de las carnes en sus brasas, las cuales acusaban las miradas \u201clujuriosas\u201d e inmisericordes de los invitados al fest\u00edn; peque\u00f1os cerros de madera seca, amontonados unos contra otros sobre las tiznadas paredes de la chimenea que se impon\u00eda en aquella sala de pastoril arquitectura, cruj\u00edan a un fuego muy lento; y una peque\u00f1a exhibici\u00f3n de sencillos juegos pirot\u00e9cnicos eran lanzados al cielo, formando en sus ca\u00f3ticos movimientos figuras de dise\u00f1os geom\u00e9tricos de la mayor belleza y simetr\u00eda. Ese era el festivo ambiente que se viv\u00eda en aquella vivaracha noche de diciembre. Hasta aqu\u00ed todo muy id\u00edlico, todo muy po\u00e9tico, pero ah\u00ed estaba Don F\u00e9lix para dar la nota chusca.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya el convite era historia patria, y toda la familia se encontraba muy mansa durmiendo, incluido el oto\u00f1al abuelo. Entonces \u00e9ste, impulsado por un af\u00e1n arrebatado de ir al ba\u00f1o para alivianar la apremiante carga que le oprim\u00eda, y cubierto por una penumbra absoluta que le imped\u00eda divisar su horizonte m\u00e1s pr\u00f3ximo, estir\u00f3 su helada mano buscando un punto de apoyo. De tal suerte pues, que en lugar de abrazarse a la baranda de la cama adyacente, como \u00e9l inocentemente cre\u00eda, se sujet\u00f3 con feroz firmeza del blando pie de su relajado vecino, cuya identidad no recuerdo ahora. Acto seguido, un aullido justamente contenido amenaz\u00f3 con despertar a los respetables durmientes. Mientras tanto, el pobre abuelo no tuvo m\u00e1s remedio que dejar escapar una honda risotada, que supo ahogar con rapidez gatuna utilizando sus propias manos. Sin embargo, era tanta su prisa, que sin miramiento alguno opt\u00f3 por continuar su serpenteante camino, directo al trono evacuatorio, y as\u00ed poder culminar con su urgente cometido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora se me viene a la mente otro incidente, que m\u00e1s bien parece sacado de una tragicomedia medieval. Cierto d\u00eda, cuando Don F\u00e9lix se dirig\u00eda a sus labores diarias, fue abordado abruptamente por un raponero barato, quien pretend\u00eda hurtarle vilmente sus pertenencias, osando ultrajar la dignidad que los a\u00f1os le hab\u00edan otorgado a su persona. Ipso facto mi abuelo, y aprovechando su rugiente voz, lanz\u00f3 un grito lastimero suplicando auxilio, el cual se debi\u00f3 escuchar a lo largo de toda la calle Ayacucho, lugar por donde transitaba al momento de la innoble rapi\u00f1a. Entonces aquel desafortunado amigo de lo ajeno, v\u00edctima del estupor y a\u00fan aturdido por el robusto bramido, no tuvo otra respuesta diferente que alistar motores y emprender, raudo y vencido, la marat\u00f3nica huida, igual que una rata de alcantarilla cuando es v\u00edctima del acoso humano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es sabido por todos su tendencia a brindarse a sus semejantes, y para tal efecto recurr\u00eda a su \u201cinstrumento de guerra\u201d por excelencia, un corpulento y vigoroso meg\u00e1fono, que hac\u00eda las veces de \u201cvoz de la conciencia del pueblo\u201d. En este sentido, comparto un divertido relato de potente narrativa, cuya autor\u00eda es de Alejandro Botero, y responde al t\u00edtulo de <strong>La escena de la discordia:<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u201cVagos recuerdos de ni\u00f1ez llegan a la memoria de Hern\u00e1n Jos\u00e9, el segundo hijo de Don F\u00e9lix Botero, nacido despu\u00e9s de la primog\u00e9nita Gilma, quien falleci\u00f3 a los 49 a\u00f1os tras sufrir una penosa enfermedad del coraz\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque algunas im\u00e1genes se presentan difusas en su mente, pues el hecho ocurri\u00f3 hace ya siete d\u00e9cadas, Hern\u00e1n evoca su ni\u00f1ez a la edad de 12 a\u00f1os para contar su historia con el mayor lujo de detalles posible.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por aquellos d\u00edas, la Compa\u00f1\u00eda Colombiana de Tabaco ten\u00eda por costumbre, salir de romer\u00eda por los pueblos de Antioquia proyectando las pel\u00edculas de moda de la \u00e9poca. Como era usual, los santuarianos acudieron puntualmente a su cita en la plaza principal para entretenerse con la \u00faltima cinta de turno. Hern\u00e1n no recuerda con exactitud si la escena puntual del filme fue un beso entre una pareja, un escote profundo o una falda m\u00e1s corta de lo permitido, lo que desat\u00f3 la ira e indignaci\u00f3n de Don F\u00e9lix, quien se caracterizaba por ser un ac\u00e9rrimo defensor de la moral cat\u00f3lica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El caso fue que sali\u00f3 raudo para su tienda de abarrotes que a esa hora de la noche se encontraba cerrada, cogi\u00f3 el micr\u00f3fono que all\u00ed guardaba y se amplificaba por el parlante que apuntaba justo a la plaza principal, y era el mismo que usaba para arengar las multitudes en sus\u00a0 discursos pol\u00edticos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con imponente vehemencia, producto del temple que lo caracterizaba, orden\u00f3 que pararan inmediatamente la pel\u00edcula, pues no pod\u00eda permitir que en un lugar donde la decencia y la dignidad eran improntas ancestrales de vieja data y cultivadas en el seno de las familias, las escenas subidas de tono, llegaran a corromper un pueblo donde se han promulgado los valores cristianos como estilo inalienable de vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Acto seguido, los mand\u00f3 a sus casas a dormir cual padre responsable que cuida y protege a sus hijos. No hubo protesta ni reclamo alguno por parte de ning\u00fan parroquiano en contra de Don F\u00e9lix Botero, pues las personas que all\u00ed se encontraban,\u00a0 cre\u00edan con firme convicci\u00f3n que el noble l\u00edder que les exhortaba al bien, estaba haciendo lo correcto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este acto de hidalgu\u00eda y honor en defensa de la moral y las buenas costumbres, le mereci\u00f3 una importante menci\u00f3n en el desaparecido Heraldo Cat\u00f3lico, peri\u00f3dico de Medell\u00edn que ve\u00eda al ilustre caudillo como un asiduo defensor de la iglesia.\u201d<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otro recuerdo me asalta. Estaba tan peque\u00f1o que las im\u00e1genes se presentan algo difusas. Fue la vez que el abuelo nos regal\u00f3 de a una moneda de 25 centavos a los nietos, los cuales coincid\u00edamos en una visita de fin de semana a su residencia. Entonces yo, con la candidez propia de un ni\u00f1o que a\u00fan entiende poco de la vida, grit\u00e9 una y otra vez a los cuatro vientos, embriagado de j\u00fabilo y casi hasta el desgarro: \u201cOro, oro, oro&#8230;\u201d Enseguida, casi en estampida, mis primos\u00a0 (Alejandro Botero y Carlos Botero) y yo corrimos atropellando nuestros livianos cuerpos, directo hacia la tienda m\u00e1s cercana (La tienda de Nando la llam\u00e1bamos), aprest\u00e1ndonos con gran determinaci\u00f3n a llenar nuestros bolsillos de dulces variados, peque\u00f1as golosinas y caramelos de surtidos sabores. \u00a1Qu\u00e9 comilona aquella!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y para el final, la cereza del postre. Mi abuelo daba para todo, incluso para eventos ajenos a nuestro entendimiento, o al menos eso es lo que parece. Hace ya un gran tiempo en la casa de mis padres en Buenos Aires se encontraba la empleada dom\u00e9stica, que por aquel entonces le prestaba sus servicios a nuestro hogar, cumpliendo diligentemente con sus tareas diarias. Era una mujer poco agraciada, de carnes abundantes, casi tan alta como ancha, pero su jovialidad y sencillez eclipsaban cualquier otra descripci\u00f3n que se pudiera hacer de ella. Su nombre, Dolly. El caso es que, en medio de sus ocupaciones cotidianas, observ\u00f3 que una silueta misteriosa se posaba en las escalas, justo al lado de la puerta de la entrada, clav\u00e1ndole una impenetrable mirada que apuntaba directamente hacia sus ojos. Fue como si de la nada una enrarecida atm\u00f3sfera hubiera inundado todo el lugar. Su primera reacci\u00f3n fue de desconcierto y p\u00e1nico, pero al reparar detenidamente en aquella inesperada figura, se percat\u00f3 de que era Don F\u00e9lix Botero, recuperando as\u00ed, un poco la calma que amenazaba con abandonarle. Igual, no le dej\u00f3 de causar cierta extra\u00f1eza el hecho de que estuviera all\u00ed en un horario tan poco usual. Sin embargo, lo que m\u00e1s le inquiet\u00f3 fue que ella en ning\u00fan momento le abri\u00f3 la puerta de la casa. Pensar\u00eda para s\u00ed: \u201cDon F\u00e9lix tiene sus propias llaves\u201d, rest\u00e1ndole importancia al tema, tal vez por el gran respeto que le merec\u00eda. En fin, el asunto qued\u00f3 de ese tama\u00f1o. Transcurridos unos instantes de un silencio tenso, casi sepulcral, el abuelo se march\u00f3 sin mediar palabra alguna, dando la impresi\u00f3n de desvanecerse lentamente a medida que se alejaba, como si fuera una especie de vapor. Dado el ritmo del relato y la precisi\u00f3n de los detalles, pareciese como si en aquellos instantes el tiempo se hubiera congelado, pero en realidad fue un episodio bastante ef\u00edmero. Para que se hagan una idea, durar\u00eda, si acaso, lo mismo que tarda una burbuja de jab\u00f3n en disiparse al ojo humano. Luego de aquel imprevisto encuentro, la aturdida se\u00f1ora no lograba vencer el confuso sentimiento que le apretaba su alma. No obstante, prosigui\u00f3 con sus agitadas labores mientras trataba de organizar las ideas en su cabeza, que para entonces estaba hecha un c\u00famulo de interrogantes sin respuestas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya en horas de la noche, con todos nosotros reunidos en casa, Dolly le cont\u00f3 todo lo sucedido a mi se\u00f1ora madre. Do\u00f1a Mariela pens\u00f3 que todo era un mal entendido, o tal vez una broma de muy mal gusto. Al notar que la pobre empleada no lograba comprender nada, mi madre se vio obligada a precisarle de manera tajante que aquello era imposible, pues su amado padre yac\u00eda agonizante en su propia cama, casi en los estertores de la muerte. Inmediatamente la rolliza mujer, cuan pesada era, se dej\u00f3 caer bruscamente al piso, arrodill\u00e1ndose de manera aparatosa. Luego, comenz\u00f3 a llorar como una magdalena, al mismo tiempo que de su boca expulsaba una retah\u00edla de frases incoherentes, sin orden, sin estructura. Aquello m\u00e1s bien parec\u00eda una pr\u00e9dica de lenguas muertas. Para entonces ya hab\u00eda entrado en estado de conmoci\u00f3n, como pose\u00edda por un extra\u00f1o ser. Su encendido rostro, que siempre daba la impresi\u00f3n de estar ardiendo en llamas, se torn\u00f3, s\u00fabitamente, tan p\u00e1lido como la luna en la lejan\u00eda cuando est\u00e1 cayendo la tarde. Su expresi\u00f3n descompuesta y desordenada, los latidos de su coraz\u00f3n a mil revoluciones por minuto, tal vez tratando de contener aquel caudal de emociones, y sus ojos desorbitados, como si se le fueran a escapar, delataron pronto que aquella vivencia, te\u00f1ida de \u00edndole abstracto y sobrenatural, era ver\u00eddica, o al menos lo era para ella. Cabe destacar que mucha gente ajena a la familia no sab\u00eda de la penosa situaci\u00f3n por la que estaba atravesando el abuelo, incluida Dolly, por supuesto, por lo que es poco probable un invento condimentado con tales caracter\u00edsticas. En cualquier caso, es claro que lo acaecido en aquella bizarra tarde solo es jurisdicci\u00f3n de la estimada empleada, y no resiste mayor an\u00e1lisis desde la l\u00f3gica que invade a nuestros sentidos. Pero yo particularmente creo en la veracidad de los hechos, a pesar, incluso, de considerarme un hombre esc\u00e9ptico en la materia, muy poco dado a dejarme llevar por fen\u00f3menos metaf\u00edsicos. Sin embargo, es del resorte de cada quien hacer sus propias conjeturas, que le permitan aterrizar toda la informaci\u00f3n recibida,\u00a0 y as\u00ed poder emitir un veredicto concluyente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Don F\u00e9lix Botero\u2026 esa huella imborrable<\/strong><br \/>\nSe dice que si se quiere saber cu\u00e1n importante fue alguien en vida, simplemente se debe tomar atenta nota de la cantidad y calidad de personas que acudieron a su entierro. En este sentido, jam\u00e1s olvidar\u00e9 el d\u00eda en que se reunieron sus amigos, allegados, conocidos, curiosos y familiares a darle el \u00faltimo adi\u00f3s. La iglesia de Nuestra Se\u00f1ora del Sagrado Coraz\u00f3n en Buenos Aires fue testigo de lujo de inagotables filas que parec\u00edan perder su esbelta silueta en la distancia, donde propios y extra\u00f1os se atiborraron para acompa\u00f1ar al eximio patricio, rumbo a su postrero viaje.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde el m\u00e1s humilde de los iletrados hasta el m\u00e1s perfumado y mejor ataviado de los arist\u00f3cratas, todos sumergidos en un mismo pesar, se dieron cita para honrar su memoria, la de un hombre probo, que se erigi\u00f3 como aut\u00e9ntico patrimonio moral de la familia, cuyo legado deber\u00e1 trascender m\u00e1s all\u00e1 de una remembranza lejana. Como dir\u00eda el poeta: Muere el hombre, nace la eterna celebraci\u00f3n de su recuerdo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Incluso hubo de por medio un mensaje p\u00f3stumo firmado por el posteriormente inmolado \u00c1lvaro G\u00f3mez Hurtado. Fue en aquel opaco d\u00eda de diciembre que me di cuenta de lo notable y grande que hab\u00eda sido mi abuelo. Y es as\u00ed como se debe preservar su imagen, como la de un gran ser humano que nos revel\u00f3, entre muchas otras ense\u00f1anzas: la grandeza oculta en las peque\u00f1as cosas, el gozo que proporciona la uni\u00f3n familiar y la entrega incondicional al pr\u00f3jimo, la importancia de los valores fundados en la vida simple y moderada, la firmeza y valent\u00eda para encarar los avatares que la existencia nos va poniendo por delante nuestro, y por sobre todas las cosas, el verdadero significado de la moralidad en todas sus presentaciones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y como alguna vez, en uno de sus acostumbrados \u201cataques\u201d de genialidad, dijo el prol\u00edfico y laureado director de cine sueco Ingmar Bergman: \u201cenvejecer es como escalar una gran monta\u00f1a; mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es m\u00e1s libre, la vista m\u00e1s amplia y serena\u201d. Esta aplastante frase condensa en s\u00ed la verdadera esencia de la que se compon\u00eda Don F\u00e9lix, esa m\u00edstica sustancia que se desprend\u00eda desde sus adentros. Me hubiera gustado saber de qu\u00e9 misterioso material estaba cimentado mi abuelo.<\/p>\n<p class=\"rtejustify\" style=\"text-align: justify;\">Aunque no ha sido hombre de l\u00e1grima f\u00e1cil, y muy por el contrario se ha distinguido por su recio car\u00e1cter, la \u00fanica vez que recuerdo haber visto llorar a mi padre, como si fuera un ni\u00f1o en brazos\u00a0 abandonado por su madre, fue aquel 24 de diciembre en casa de la abuela Conchita, cuando v\u00edctima de la nostalgia, y de uno que otro trago tal vez, evoc\u00f3 a su querido suegro, ya ausente, no as\u00ed lejano. Ese es el ep\u00edtome del sentimiento que genera Don F\u00e9lix en todos aquellos que por diversas razones y circunstancias fuimos tocados por su encanto y gracia. Esa es la m\u00e1s valiosa herencia que recibimos de \u00e9l, los que tuvimos la fortuna de estar a su lado, de compartir sus pasos, de disfrutar sus palabras, de celebrar sus ocurrencias y de conmovernos con sus alocuciones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2026Y hasta aqu\u00ed me trajo el \u201cbarco\u201d, en el cual navegu\u00e9 por aguas tan cristalinas. De \u00e9l se podr\u00edan escribir \u201coc\u00e9anos\u201d de tinta, pero la memoria es traicionera y a la vez escasa. En fin, solo le pido perd\u00f3n al abuelo, all\u00e1 postrado en las alturas, tal vez vigilando nuestros pasos, por este homenaje breve y tard\u00edo, por haber postergado casi tres d\u00e9cadas esta aventura tan osada, pues su rico anecdotario y virtudes a borbotones dar\u00edan f\u00e1cilmente para escribir incontables l\u00edneas, colmadas de infinitos relatos y descripciones con los adjetivos m\u00e1s encopetados. Mismos que agot\u00e9 en el grato y a la vez temerario ejercicio de intentar trazar su genio con la mayor fidelidad posible. En este sentido, solo aspiro no haber cruzado la delgada l\u00ednea que separa la objetividad deseada por un escritor, a\u00fan en la etapa del biber\u00f3n, y el profundo sentimiento que embarga a un nieto. Aunque para serles sincero, creo haberla cruzado. Y no una, ni dos, sino varias veces, pero s\u00e9 que ustedes sabr\u00e1n perdonarme esa peque\u00f1a licencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Finalmente, agradezco la colaboraci\u00f3n absoluta e incondicional de gran parte de la familia, especialmente: Jorge Botero, Blanca Botero, Hern\u00e1n Botero, Mariela Botero, Alejandro Botero, Carlos Pach\u00f3n y Jos\u00e9 Pach\u00f3n, quienes haciendo gala de una prodigiosa memoria aportaron su granito de arena en aras de perpetuar el recuerdo de ese gran prohombre del Santuario, y mejor a\u00fan, de glorificar a ese cari\u00f1oso abuelo, amoroso padre, fiel esposo, leal amigo y consagrado ap\u00f3stol de Dios. Hasta siempre Don F\u00e9lix Botero G\u00f3mez, el hijo predilecto del Valle de Mar\u00eda. Hasta siempre mi querido abuelo, el gran abuelo por antonomasia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Don F\u00e9lix Botero G\u00f3mez. 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